por Prof. María Julia Burgueño

Del Patrimonio Industrial en Uruguay  se podría decir  es “un patrimonio que subvaloramos”[1].

La investigación patrimonial en el área industrial en Uruguay es de los últimos tiempos. El establecimiento de un marco institucional y legal aún más. Aunque  en el 2006 se constituyó  la Asociación Uruguaya del Patrimonio Industrial (ARPI), filial del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH), se puede decir que aún hoy el Patrimonio Industrial tiene una significación limitada desde el punto de vista nacional. A modo de ejemplo, cuando en 1950 se crea la “Comisión Nacional de Monumentos Históricos” en el  listado de bienes a proteger,  incluye  noventa y cinco ejemplos , de los cuales  sólo tres tienen alguna relación con el área industrial, dos Molinos y los restos de un antiguo Saladero.

Aunque la realidad del Patrimonio Industrial sea otra.

Tomemos dentro de ese contexto algunos casos que merecen especial consideración: a) la “California del sur”, que en el entorno del 900 como tal fue vista la explotación de oro de Cuñapirú; b) la extracción de arena, cal y piedras de las costas de Colonia, con destino a las construcciones de Buenos Aires; c) la red ferroviaria y las múltiples instalaciones funcionales a su logística; d) los procesos de molienda y depósitos de granos, las bodegas y los primeros emprendimientos textiles; e) las sucesivas etapas de procesamiento de los recursos cárnicos”.[2]. Agregando por supuesto a la Villa Peñarol, referente  indiscutible de ferrocarril y futbol uruguayo.

Si lo focalizamos en la región del Bajo río Uruguay, la situación está cambiando. Hace unos días atrás, se recibió la  Declaratoria de Unesco  como Patrimonio de la Humanidad al Paisaje Cultural Industrial Fray Bentos.

 

Patrimonio Industrial del Bajo río Uruguay

El Bajo río Uruguay posee un rico y variado  Patrimonio Industrial, en establecimientos fabriles, atracaderos,  muelles y ciudades-puertos, que  impulsaron su desarrollo los inmigrantes  europeos y un Estado proteccionista en el siglo XIX y principios del XX.  Establecimientos preindustriales e industriales vinculados  en su mayoría a la producción ganadera, como los Saladeros y Frigoríficos,  y en menor relación Fábricas de alimentación y vestimenta. Además de  las  industrias que crecieron al servicio de las demandas y necesidades  del ferrocarril.

El Patrimonio Industrial de esta región,  respondió a una economía “mirando hacia afuera”, ante  las demandas del comercio internacional que siempre  la vio como abastecedora de materia prima- tema de larga duración en la historia del río de la Plata, desde la conquista española a hoy-.

En una primera etapa- desde la segunda mitad del siglo XIX a principios del siglo XX- en el espacio geográfico de los actuales  departamentos de Río Negro y Paysandú, departamentos litoraleños del río Uruguay se va gestando un incipiente desarrollo industrial en el que se destaca el aporte  inmigratorio de  europeos.

El  río Uruguay como “un río vivo[3], que recibe  miles de inmigrantes que  llegan  desde 1860, con capital monetario-británico o de trabajo-vascos e italianos, en su gran mayoría-  se ve transformado  en “un río trabajador”.

La salazón de carnes se inicia  en el Uruguay en la segunda mitad del siglo XVIII- por entonces llamada “Banda Oriental  del río de la Plata”- con el fin de aprovechar la carne de los vacunos, que se desperdiciaba en esta rica pradera.

La Pragmática  de Libre Comercio de 1778 significó para la Banda Oriental, el nacimiento económico de las exportaciones y su incorporación a las corrientes del comercio mundial, a través de la habilitación del puerto de Montevideo.

Los principales Saladeros del Uruguay estuvieron ubicados sobre la Bahía de Montevideo y en el Litoral del Río Uruguay- en los departamentos de Salto, Paysandú y Río Negro- a los efectos de facilitar la eliminación de los deshechos y para  mejorar la higiene del establecimiento pero fundamentalmente para abaratar el transporte. Porque esta relación Saladero-Río fue la  vía para la exportación de sus productos y la entrada de sal, por ejemplo.

La forma de trabajar la carne en los Saladeros rioplatenses consistía en la elaboración de  carne  salada, que era la  impregnada de salmuera y que  exigía de instalaciones especiales y trabajadores especializados y debía usarse para su embalaje y transporte  de barriles o toneles.  Pero fundamentalmente la forma de carne seca, conocida como tasajo, que era la sumergida en trozos en tinas de salmuera, manteniéndola allí por lo menos durante un mes. Se elaboraba en el interior de galpones, alternado capas de carne y sal y sometiéndolo luego a un secado al aire libre durante una o dos semanas requiriendo para su envase fundas de arpillera o bolsas.

Sus principales consumidores fueron  las tropas de la Real Armada española y  los esclavos de los ingenios azucareros del Brasil y tabacaleros de Cuba,  por su alto valor nutritivo y proteínico.

Fue la única industria importante que tuvimos en el siglo XIX, la única “fábrica”: convirtió la carne en tasajo, saló el cuero, aprovechó la grasa, los huesos, la sangre, el estiércol. Todo en medio de un primitivismo tecnológico donde predominaba el cuchillo y la destreza personal, y cuya única excepción eran los digeridores de grasa, accionados por máquinas a vapor.

Fue, por tanto, mitad fábrica y mitad estancia, así como sus trabajadores mitad obreros y mitad peones. Fue, finalmente, la respuesta más nacional que el medio pudo ofrecer al mercado exterior que requería nuestros productos[4].

 

CASO LIEBIG’S- ANGLO—RIO NEGRO

Este caso concreto    ha sido investigado desde diferentes miradas

(Arquitectura, Historia, Sociología, Antropología).

Es un claro ejemplo de la relación: inmigrantes-río Uruguay- población local- industrias.

Que se traduce en alemanes e ingleses- río Uruguay- pobladores de Villa Independencia( hoy Fray Bentos) departamentos de  Paysandú y Río Negro- Saladero Liebig’s-Liebig’s Extract of Meat Company Limited (LEMCO)-Frigorífico Anglo.

Porque desde los alemanes Georg Giebert ,  Justus von Liebig y los colonos de esa nación que vinieron a trabajar a la  empresa saladeril y siguiendo por los británicos inversionistas de la época frigorífica así como las más de 60 naciones del mundo que brindaron mano de obra e inversionistas en el Liebig-Anglo.

 “En 1862, llegado a la villa el ingeniero alemán Georg Giebert, las condiciones naturales lo convencieron que éste sería el lugar ideal para desarrollar un proyecto industrial, para aplicar por primera vez a nivel empresarial la fórmula de extracto de carne del también alemán Justus von Liebig.

La materia prima barata y accesible podía hacer viable el proyecto que, con la autorización previa del inventor, comenzó a plasmarlo en 1862 viajando a Europa para conocer detalles de la elaboración y concretar la construcción de las maquinarias adecuadas. En los alrededores de Fray Bentos, Giebert reforzó las instalaciones del ex-saladero Hughes, adquirió tierras y ganados y dio forma a la “Estancia La Pileta” a sólo 10 kilómetros de distancia.

Estas tierras, tenían como límite suroeste el arroyo Laureles, a partir de donde comenzaban las propiedades que adquiría Giebert para su emprendimiento, llamado en primera instancia “Giebert et Compagnie” (creada el 2 de abril de 1863) y tomando posteriormente (en diciembre de 1865) el nombre de “Liebig’s Extract of Meat Company Limited” (LEMCO).

La actividad industrial iniciada, tuvo una inmediata respuesta con las ventas en Europa y la producción local era totalmente insuficiente para los pedidos que diariamente se recibían en la sede central, lo que alentó a mejorar y ampliar las instalaciones. Este crecimiento fue paralelo en la fábrica y en las habitaciones para trabajadores que de inmediato comenzaron a planificarse. Inclusive, se construyó un puente de material sobre el Arroyo Laureles, y el correspondiente camino comunicando el saladero con Villa Independencia. La obra se inauguró el 2 de junio de 1866, recibiendo el nombre de Puente Keller, en homenaje al Ingeniero Federico Keller, autor del mismo. En el mismo mes, llegaron desde Europa las maquinarias específicamente pensadas y diagramadas por el Ingeniero Giebert para la novel industria…

Numerosos edificios-estratégicamente ubicados en la parte más alta del terreno a 16,40 metros sobre el cero del río-alojaron las diferentes dependencias fabriles que profesionalizaron la acción, permitiendo llegar en estos años de 1867 a 47.500 vacunos faenados. Dos años antes, al inicio de los primeros intentos, se habían faenado 3.200 animales”[5].

Algunos de estos lugares, como Fray Bentos por la Co. Liebig, recibieron el nombre de “gran cocina del mundo”. Estos procesos de aprovechamiento de los recursos agroalimentarios tuvieron alta incidencia en la historia compartida de Europa y América. No debe olvidarse que la región rioplatense, fue el origen de gran cantidad de mercaderías, productos y artículos que marcaron indeleblemente un período importante de la historia europea.

En el caso de Fray Bentos, la acción industrial se extendió hasta la década de 1980 como Frigorífico, en manos del ANGLO DEL URUGUAY que tuvo fuerte impacto en la provisión de vituallas a los ejércitos y alimentación a la población civil de Gran Bretaña durante la Segunda guerra Mundial.

A modo de conclusión, el Paisaje Cultural Industrial Fray Bentos que “incluye el Frigorífico ANGLO y el llamado Padrón 70, que abarca la planta fabril, el muelle desde donde partían hacia el mundo los productos cárnicos, el barrio obrero, los corrales de ganado, los campos de pastoreo, Casa de los Gerentes con su casa de Visitas, el entorno donde están enclavadas la Cancha de Golf y el Club de Tenis, los predios naturales de gran extensión por donde cruza la ruta Panorámica que une Fray Bentos y al barrio con el más importante balneario de agua dulce – Las Cañas – y lugares naturales de reserva de fauna y flora nativa, es uno de los más importantes hitos históricos y patrimoniales del Uruguay”[6].

Lo cual es una puesta en valor real del Patrimonio Industrial, en  la región del Bajo río Uruguay.

Desde la investigación celebramos junto al pueblo fraybentino esta denominación, que valora pero que también compromete en el Patrimonio Industrial de todo el Uruguay.

 

 

 

15 de julio 2015

[1] Nery González : En: “Brecha”. Montevideo,  21.07.2006

[2] Nery González : ob.cit.

[3] Conceptos propuestos para el río Llobregat por la Arq. Mercedes Medina (Uruguay).

[4] BARRÁN, J. P. – NAHUM. B.: “Historia Rural del Uruguay Moderno” Ed. Banda Oriental. Montevideo, 1971.

[5] René Boretto Ovalle. Uno de los principales gestores del Museo de la Revolución Industrial de Fray Bentos y figura pionera en el camino de la Postulación del Paisaje Industrial Fray Bentos ante la Unesco.

 

[6] http://paisajefraybentos.com/

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