El Balneario

Balneario se asocia con decadencia, en un tiempo como el nuestro que es de por si decadente. Y sin embargo, los balnearios fueron siempre la vanguardia de la sociedad. Fueron enclaves urbanos allí donde la “civilización” no había llegado todavía. Sólo hay que recordar Luchon, donde los romanos de las urbs pasaban días de reposo, no en un ager rural sino en pleno saltus, en “la selva”. El Pirineo, vaya.

Encontraríamos muchos ejemplos de estas “ciudades en la montaña” de una sola calle como Les Eaux Bonnes o verdaderos “resorts” (con perdón) como Carlsbad, caracterizados todos ellos por transformar un territorio circundante  “hostil” al  dotarlo de un carácter muy diferente, de un “sentido del lugar” urbano, propio y a menudo muy potente también.

Éste carácter vanguardista se reflejaba perfectamente en un balneario próximo a Barcelona, La Puda de Montserrat, que buscó desde un principio transformar el territorio circundante para hacerlo comprensible como espacio turístico. Durante un siglo (cerró en 1958) mantuvo una vida social de carácter burgués, urbano,  especialmente intensa en las décadas el cambio de siglo, época dorada del turismo balneario. Una vida propiamente urbana, insertada en un medio natural agreste y de una peculiar belleza, dominado por la caprichosa silueta de Montserrat y por la mole rectilínea de la Serra del Cairat, un lugar deshabitado que tiene como referencia la ermita de Sant Salvador de les Espases .

Estos enclaves no entendían el turismo como se entiende ahora, como un consumo visual acelerado de paisajes previamente asimilados, sino como se entendía en la época, como la vivencia de un espacio desconocido, “exótico” o incluso, hostil.  Tal era el caso, a finales del XIX, del Congost del Cairat, una garganta muy próxima al balneario en la que se formaba una pequeña cascada de caudal abundante, aguas arriba de la cual el río se remansaba.  Muchos años después, una presa construida sobre la cascada transformó notablemente el paisaje, si bien para entonces es probable que recibiera, como hoy, muy pocas visitas.

De manera que, en la época, no hacía falta ir hasta el lejano Pirineo para disfrutar de todo la naturaleza domesticada que, se suponía, era parte importante de la oferta balnearia.

45493546_21982120 Ésta postal, que corresponde a una serie de diez sobre el balneario de la que se conservan numerosas copias, nos transmite perfectamente ése espíritu.  El río por entonces bajaba razonablemente limpio, si bien se fue contaminando a medida que aguas arriba se desarrollaba la revolución industrial, que implicaba vertidos y consumo de agua.

En el mapa (IGC, 1927) se aprecia perfectamente el carácter de enclave urbano del Balneario, situado en el centro de un espacio muy escasamente poblado, como sigue siéndolo hoy. De hecho, no existe ninguna fábrica a la orilla del río entre Olesa y Monistrol, una garganta muy próxima al balneario en la que se formaba una pequeña cascada de caudal abundante, aguas arriba de la cual el río se remansaba.  Muchos años después, una presa localizada sobre la cascada transformó notablemente el paisaje, si bien para entonces es probable que recibiera, como hoy, muy pocas visitas..De manera que, en la época, no hacía falta ir hasta el lejano Pirineo para disfrutar de todo la naturaleza domesticada que, se suponía, era lo que ofrecían los balnearios, algo realmente sorprendente en el “río más trabajador de Europa“.

El mapa refleja muy bien la estructura del enclave, que mantiene una relación apenas visual con el núcleo semántico, la montaña de Montserrat, una relación intensa con el otro elemento paisajístico importante, el congost,  y un entorno arisco, despoblado y casi intrtable que acentúa, precisamente, su deliberado carácter de enclave.

LaPuda_map1927Pero esta localización requería de unos accesos adecuados. A parte de que en su primera época estos caminos no eran especialmente seguros, debido a las partidas carlistas, las carreteras eran escasas, y los puentes sobre el río, lejanos.

Se construyó una carretera que comunicaba directamente con la vecina Olesa, pero era evidente que sin un puente sobre el Llobregat, el balneario quedaba en un cul de sac y por tanto las excursiones, componente básica del turismo de temporada, se verían muy limitadas. Sin el puente no conseguiría ser el centro de un verdadero espacio turístico.

El Puente

Éste hecho justificaría el enorme esfuerzo que significó, en 1858 encargar la construcción de un puente al arquitecto Elies Rogent, futuro marido de la “pubilla” (heredera) de la masía de Can Castells. Esto es, de uno de los propietarios del balneario. El puente, “de madera”, debía unir el balneario con el camino de Esparraguera, a cuyo término pertenecía de hecho, con el vecino congost del Cairat y, en última instancia, con el Monestir de Montserrat, con lo cual se convertía en un centro turístico de primer nivel. Además, en la otra orilla en tiempos hubo otro pequeño edificio balneario.Pero no eran ya tiempos para la madera, porque por entonces en Barcelona Joan Torras, colaborador de Rogent, llevaba tiempo experimentando con la construcción en hierro, que hacía posible estructuras mucho más arriesgadas, como la que se necesitaba para salvar el río en un lugar como aquel.
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El puente, únicamente para peatones,  se construyó en hierro con una estructura en madera puramente decorativa pero muy interesante, que lo convirtió en un elemento paisajístico tan o más relevante que el propio edificio central del balneario. Lo más curioso del caso es que el puente nunca fue el “acceso principal” del balneario, puesto que ni la antigua carretera ni la posterior estación del ferrocarril (1922) obligaban a pasar por él. Pero sí que era el paso principal para las actividades turísticas, la puerta abierta a aquel pequeño reino de paisaje agreste, apenas humanizado. Era, por tanto, referente simbólico principal del asentamiento.

La relación del puente de hierro con el Balneario era ciertamente amable y sugerente. El recorrido se hacía necesariamente a pie, con lo que se daba tiempo a crear una imagen estable del gran edificio y su entorno, de los sonidos propios del río, de la naturaleza más que de lo artificial.

Arxiu Històric Fotogràfic IEFC

Una imagen del momento de mayor esplendor, hacia 1920. Fuente: Colección Roisin / IEFC

El futuro

En los años 70, todo el que pasaba por la carretera quedaba intrigado por aquella vetusta estructura que salvaba el río, preguntándose a dónde iba a parar, con qué comunicaba o si sería posible pasar o si los tablones ya estaban demasiado podridos…

Al igual que el balneario, no se podía entender que se hubieran dejado a su suerte unas construcciones tan singulares, y menos estando tan cerca del Monestir de Montserrat y sus millones de visitantes anuales.  Muchos años después, del puente sólo queda el esqueleto, en los huesos, y el Balneario va por el mismo camino, y ya ni siquiera tiene guarda.

Pero peor que el abandono es el menosprecio que resulta de la nueva carretera, que tendrá buenas prestaciones para los vehículos, pero no tanto para los visitantes. De hecho, la imagen de la actual carretera en su relación con el edificio casi no precisa de muchos comentarios. Es prácticamente la antítesis de lo que se pretendía con el viejo puente de hierro. Ahora no es posible no ya fijar una imagen sugerente del lugar, sino ni siquiera hacerse preguntas sobre qué hacen aquellas construcciones en aquel perdido lugar.

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 Una parte de la vieja estructura de hierro todavía se mantiene en pie, como se aprecia a la izquierda de la foto.  Fuente: Carme i Ignasi en  Wikiloc (gràcies!)

 

El trazado de la carretera presenta serias dificultades, aunque es probable que en futuras inversiones se contemple que con un túnel de 300m se evitaría el cruzar el río dos veces, y lo que ello implica. Está claro que los puentes resultaban mucho más baratos que los túneles, 2×1.  Una actuación así abriría la puerta para la consideración de La Puda de Montserrat como espacio patrimonial. Esto es, para un territorio con pasado pero también con futuro. El potente sentido del lugar que le dieron un edificio y un puente, se mantiene, y son muchas las opciones. Pero no hay ninguna opción en el estado actual, aunque el Balneario sirva de escenario para videoclips. La vía rápida no es que no permita el acceso, ni favorezca la contemplación, es que es el principal factor de marginalidad del espacio.

Parece extraño que un espacio tan valioso y tan cercano a una gran área metropolitana se halle en tal estado de postración, y sin embargo, no lo es. El principal motivo es la falta de interés por estos paisajes de montaña mediterránea, tan poco verdes. Menos aún por sus ríos, tan sugerentes, tan castigados…

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