En una entrada anterior se trataba la cuestión de las penosas relaciones que mantiene la ley de Costas, y la legislación medioambiental en general, con el patrimonio. Ahora nos centraremos en uno de los casos más interesantes, por su significado, de nuestra costa, la “casetas” de Guardamar de Segura (Alacant/Alicante), situadas en la llamada “Playa Babilonia”.

Aunque se ha dicho muchas veces que la fotografía es la peor enemiga de la arquitectura y del urbanismo, cuesta de creer en referencia a los paisajes culturales, cuando una imagen como la que encabeza el post es capaz de captar la esencia de éste paisaje, prácticamente soñado, de manera que aunque no se puede oler el salitre ni ecuchar el rumor del mar, los transmite y nos llega como si eso fuera posible.

Armonía extraña e involuntaria la de unas edificaciones tan bajas que apenas recalcan la línea de costa, una línea que es casi recta. Sólo la interrumpe una descabellada segunda planta, que sin duda se intentó justificar en su día por levantarse en una parcela más estrecha que las otras.

 

Una verdadera “ordenación del territorio” 

El denostado término “ordenación del territorio” viene a suponer que algo así como poner orden donde hay “caos”, lo cual a su vez implicaría que la naturaleza o la acción histórica del hombre han generado el caos sobre la superficie de la tierra…

Y es que los verdaderos procesos de ordenación del territorio se dan con poca frecuencia, y son más propios de ingenieros que de urbanista. Sin embargo es lo que el ingeniero de montes Francisco Mira  (con la supervisión de Ricardo Codorniu) habían logrado en las dunas costeras de Guardamar, que a finales del sXIX se desplazaban una velocidad de unos 10m por año! hacia el W, y de hecho las arenas ya habían sepultado algunas casas y huertas, y amenazaban a una población que a su vez, había renacido con una malla ortogonal tras su desaparición en un terremoto. Y aún hay quien piensa que la costa mediterránea es bonancible…

Guardamar en una imagen del llamado “vuelo Ruiz de Alda”, de enero de 1930 : Fuente: IGN

A partir de 1929, cuando los trabajos de estabilización de las dunas ya estaban finalizados, se empezaron a instalar las primeras casetas en la playa, cerca de los grandes viveros que proveían (y proveen) de árboles a la pinada. Ésta localización es consecuencia directa del diseño de Mira, quien había previsto un acceso directo desde el centro del núcleo hasta el mar, un trazado realmente elegante y sugerente para una conexión a través de las dunas que no había existido previamente, puesto que no se podía transitar por la arena y para alcanzar ése punto (indiferente) de la playa, se hacía necesario un larguísimo rodeo por el Sur.

Barca varada al estilo tradicional frente a las casetas. Fecha desconocida. Fuente: Asociación Babilonia

Como refleja la imagen, los pescadores, buscando siempre la proximidad entre sus casas y su lugar de trabajo, se debieron de instalar en la “nueva playa” en el mismo momento en que se abrió el acceso. Los veraneantes, en la costa mediterránea de aquel tiempo, siempre compartían espacios con los pescadores. Para estas gentes de ciudad, la convivencia con los modos de vida sencillos y tradicionales de la playa era un aliciente tan o más importante que la propia playa, tal y como por fortuna ha quedado reflejado en abundancia en nuestra literatura (D’Ors, Pla, Miró…) y también en la pintura.

No se puede confundir esos veraneantes de temporada con los turistas, ni con los de entonces ni menos aún, con los de ahora. El turismo tiene una evidente connotación dinámica que acaba convirtiendo a sus practicantes en coleccionistas de destinos, con estancias cada vez más cortas que les impiden en la práctica impregnarse del sentido del lugar de los lugares que visitan. De hecho, puede ser causa incluso de la degradación del sentido de algunos de esos lugares, y de su desaparición. Son cosas de la democracia porque si todos podemos viajar, vamos adonde creemos, porque así nos lo dicen, que vale la pena ir. Eso es todo.

Por el contrario, los veraneantes de temporada, que acudían año tras año a los mismos lugares, incluso como es el caso, durante tres o más generaciones, forman parte del paisaje local. Con el tiempo han elaborado una “cultura” adaptada al medio, al verano en la playa. Con sus horarios, sus festividades, sus rituales, su gastronomía propia basada en la tradicional del lugar, y sus peculiares relaciones con los vecinos permanentes del pueblo.

Otra imagen que habla por sí sola de la temporada de verano en los años 70¿?. Quiero pensar que algunos de los que dilapidan fortunas en los veranos psicotropicales de Formentera los cambiarían por una temporada de playa como ésta… Fuente: Asociación Babilonia

El carácter del asentamiento temporal

Ya hemos visto cómo aprovechando el nuevo acceso, llegaron los veraneantes. Algunos de ellos consiguieron una concesión del Ministerio de Marina a  para construir una serie de viviendas de verano en una zona muy concreta: la parte sur de las dunas a banda y banda del nuevo acceso. Como la línea de costa era muy estable en esas fechas, las casetas se situaron muy cerca de la línea del mar. Hasta ése momento y, aparte de los pescadores, sólo era utilizado por los habitantes de Guardamar una vez al año, por Santiago, cuando todos acudían en carros a la playa a pasar el día.

En la cartografía de la época (1933) se aprecia claramente la vocación de Guardamar por sus magníficas huertas. El pueblo nuevo aprovecha una zona a salvo de inundaciones, protegida por el cerro en el que se sitúa el castillo. Dos caminos principales lo unen con las zonas llanas ocupadas por huertas, mientras que una carretera, probablemente reciente, corría en paralelo al mar, a cierta distancia. Se aprecia claramente el nuevo camino a la playa a través de las dunas. La denominación de “Babilonia” nos puede dar una idea de lo que pensaban las gentes sobre el nuevo asentamiento.

El proyecto de fijación de las dunas es en si una verdadera actuación de ordenación del territorio, a diferencia de la mayor parte del planeamiento actual que es simplemente un reflejo de las voluntades, los privilegios y las utopías de un municipio.  La “ordenación” implica que cada elemento debe funcionar cumpliendo una cierta misión, que está claramente definida, por lo que no es descabellado pensar que la concesión para la construcción de las casetas no se hizo en contra del plan, sino incluso formando parte del mismo.

La estructura no puede ser más sencilla, ni más sugerente. Una serie de parcelas todas iguales sobre las que se levantan los edificios de una sola planta (salvo alguna contada reforma moderna). La característica más notable es porche abierto a la playa, en el se desarrollaba una parte importante de la vida. La sombra es parte fundamental de la ésta arquitectura pensada para el verano. Hoy se considerarían construcciones profundamente minimalistas, en las que el único lujo era su localización, si así se quiere considerar.

Mezcolanza abierta entre lo más público y lo más privado, tan propia de la costa mediterránea, en el pasado siempre enemiga de vallas y límites. Fuente: Asociación Babilonia

Son casas con todo el sentido de arquitectura popular sin pretensiones, que crean espacios íntimos y a la vez abiertos casi al aire libre que, con acceso directo a la arena por levante y a una antigua “vía de servicio”, hoy carretera, por detrás. Pero sin duda lo más interesante de éste espacio es la forma en que estructuraba la vida local. ¿Form follows function? Quien sabe…

 

¿Punto y  final?

Como en otros muchos municipios costeros, el desarrollo económico relacionado con el turismo ha derivado en un estridente cambio de usos del suelo, con la urbanización de gran parte de los espacios próximos al mar, y de otros muchos no tan próximos. Si nos atenemos a los principios de la Ley de Costas que ya tratamos en una entrada anterior, estas casetas estaban construidas sobre Dominio Público en régimen de concesión, por lo que al terminar dicha concesión (2018), podrían ser suprimidas a no ser que se se renovara la concesión. La actitud del Ayuntamiento ha sido más bien hostil, y de ello se puede deducir que también lo es la actitud de los vecinos. Es probable que, tal y como hace la Ley de Costas, consideren a los veraneantes de la casetas como privilegiados que están disfrutando en exclusiva de un espacio que en realidad es público.

La verdad es que “privilegiados” lo eran, ¡sin duda! Pero otra cosa distinta es alegar razones sociales o medioambientales para exigir su desaparición. Tal vez una cierta “envidia sana” sería más adecuada.

Como hemos visto, desde el punto de vista medioambiental la defensa es débil, tanto por el hecho de que la pinada toda ella es artificial como porque, más grave y evidente, la urbanización de los antiguos campos de secano que tocaban a la costa ha sido… la típica. Bloques, calles estrechas, barrios casi vacíos en invierno, ambiente de playa “gobal”, sin un sentido del lugar propio, a diferencia del asentamiento de Babilonia.  Estas nuevas construcciones han invadido incluso una pequeña parte de la pinada.

Desde el punto de vista social resultan significativas las opiniones vertidas en la web Datadista que por cierto abre con unas magníficas imágenes aéreas del asentamiento tras los temporales recientes. La frase de apertura lo dice todo:

“Disculpe, su casa en la playa no será salvada por el Gobierno”

“Su casa”, privada, “en la playa” privilegio burgués”, no va a ser defendida con dinero público. Sin embargo, el dique del río, causante de buena parte de la erosión si que es mantenido con dinero público.

La construcción del dique de “protección” para el puerto deportivo en la misma desembocadura del Segura, apenas un kilómetro más al norte, ha generado, o agravado según las fuentes, un proceso de erosión costera bastante importante y rápido que ha hecho retroceder la costa hasta la línea de los porches durante un temporal en el invierno de 2017. La postura de la delegación de Costas de Alicante es, al parecer y desde hace mucho tiempo, la de eliminar las casetas, y el temporal sin duda le ha echado una mano. La concesión de 30 años concedida con la aparición de la Ley termina en 2018, pero no ha hecho falta esperar, puesto que muchas quedaron inhabitables.

Las casetas en su estado actual, tras los temporales del invierno de 2017. Fuente: Asociación Babilonia

Ésta última imagen habla por si sola. Las casetas desaparecerán para siempre, y con ellas también “los veranos de antes” si es que aún existían y… quién sabe si también la pequeña carretera y parte de la pinada. Si la erosión costera provocada por el dique de abrigo del puerto continúa,  y más aún sin el freno de las casetas, el proceso natural será la erosión de las dunas. A buen seguro que se propondrá la construcción de diques de defensa, aunque con todo el proceso, no ha quedado claro qué es lo que hay que defender ni de quién hay que defenderlo.

Mientras, algo más al sur, el asentamiento urbano estándar, aséptico y de gran capacidad sigue creciendo, sigue cementando una costa que parece todavía creyente en un ilusorio verano posmoderno sin límites, sin restricciones, sin final… ¿porque está amparado por la Ley de Costas? No, está amparado en una creencia generalizada, la de que hay que llegar en coche a primera línea de playa o si no, al menos, a través de un paseo marítimo con palmeras, a la hora y el día en que a mi, o a mis clientes, les vaya bien. Fuera de esas imágenes, queda sólo el pasado.

One thought on “Guardamar, adiós a un paisaje cultural

  1. Creo que es una genial descripción de una realidad, hoy presente y mañana un pasado desaparecido. Dentro de 100 años, o de más, cuando el turismo masivo desaparezca (porque desaparecerá, por falta de practicantes, (aburridos) o por hundimiento de esta civilización) y se vuelva al concepto de “veraneantes” como lo expones, algún arqueólogo de la cultura material del turismo del s. XX hará una cita como:

    “Descubrimiento de restos de bases estructurales de soluciones habitacionales de temporada ultra-cercanas a la linea de costa en el Levante Español:
    Abstract: On the swallow waters of Guardamar del Segura town, 3 m deep, we found evidence of founding’s from 20 to 30 houses on straight line, parallel to the beach line, that even they have each very few habitable sqm, by its location near the sea, among a beach and a pine field, they must had been authentically a paradise. No reasons are recorder about why they have been destroyed…it is sure that the administration both local and general use all the available resources to keep they….”

    Y así se va escribiendo la historia…un consejo.. en las palabras de referencia de tu artículo pon las chorradas del tipo “solución habitacional”, “situación estructural” o similar, si no nunca lo encontrará ese historiador del futuro.. y seguirá equivocado.

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